Vamos a comenzar con el artículo que un alumno publicó en la revista del IES Castelar de Badajoz. Nos parece interesante, dado que es un tema muy en boga hoy, pero que viene de muy antiguo. Por supuesto, podéis enviarme cualquier artículo que queráis escribir sobre algún tema de la Antigüedad clásica, bien en mano, bien por correo electrónico, todos tienen cabida aquí. En cuanto al artículo, es un extracto de otro más extenso, pero he respetado el encabezamiento de los versos de Safo, porque son preciosos:
“Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz, se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye enseguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor, tiembla mi cuerpo entero, me vuelvo más verde que la hierba”.
Safo de Lesbos
El lugar del homosexual en la sociedad y la percepción de la homosexualidad cambian muchísimo entre las sociedades y las épocas. En la Grecia antigua, por ejemplo, fue considerado normal que un muchacho (entre la pubertad y el crecimiento de la barba) fuera el amante de un hombre mayor, el cual se ocupaba de la educación política, social, científica y moral del amado. Pero se consideraba más extraño que dos hombres adultos mantuviesen una relación amorosa. La situación de la mujer, era muy diferente y la homosexualidad femenina no estaba tan bien vista una vez que se hubieran casado, lo cual no evitaba que, durante su periodo de educación mantuvieran relaciones sentimentales con compañeras (hecho bastante común). La máxima griega era, a este respecto, que la mujer era para la reproducción, pero el hombre para el placer. Se reconocía que era necesario preservar la estirpe, la especie, pero que solamente se podía encontrar placer en la relación íntima con otro hombre. La antigua Roma, tenía un sistema similar.
José Antonio Pérez García.